lunes, 31 de diciembre de 2018

Primer Festival Mundial del Humor Gráfico Calarcá 1989 - Fundación Proarte Calarcá


SINOPSIS:
CRÓNICA DESDE ALCALÁ DE HENARES
Por Carlos Alberto Villegas Uribe

QUE VEINTE AÑOS NO ES NADA

Memorias con fondo de tango de una fiesta que empezó en el eje cafetero colombiano

Cuando la realizadora argentina María Verónica Ramírez y el caricatógrafo colombiano Ómar Figueroa -Turcios- se reencontraron en San José de Caracciolos, una iglesia patrimonial de Alcalá de Henares que se ha convertido paulatinamente en templo del humor gráfico, revivieron la alegría de su primer encuentro en las tierras del eje cafetero, dos décadas atrás, en el marco del "Primer Festival Mundial de Humor Gráfico, Calarcá 1989".

María Verónica había arribado a España varios días antes en el extraño otoño de 2009. Un otoño que aún no le daba permiso a las hojas para engalanarse con sus ocres tradicionales. Un otoño burócrata que se solazaba con subrayar sus ausencias. Verónica acompañaba a los caricaturistas gráficos argentinos Caloi, su marido, y Tute, el hijo de este, quienes llegaban a la tierra de Francisco Quevedo y Villegas para cerrar la exposición colectiva "En el nombre del Padre y del Hijo", clausura con la cual se daba inicio formal a las actividades de la "Muestra Iberoamericana de Humor Gráfico Alcalá de Henares 2009", realizadas entre el 19 y el 25 de octubre.

En medio de la alegría del reencuentro, Turcios le contó que Elena Ospina, con quien comparto mi vida, la única mujer integrante de "El Cartel del Humor", había participado de aquella fiesta del eje cafetero y se encontraba entre los expositores de la muestra "La letra con humor entra", dedicada este año a recordarles a las naciones su compromiso con uno de los objetivos del segundo milenio: la educación. Con Elena, hace cerca de 3 años que estamos en Madrid y en esta edición fue invitada por la Fundación General UAH a presentar el boceto de un mural en homenaje a los seis galardonados con el Premio Quevedos: Mingote, Chumy Chumez y El Roto, de España, Quino y Ferro de Argentina, y Ziraldo de Brasil.

Fue entonces cuando Turcios nos buscó entre la barahúnda de voces que disfrutaban las viñetas de la exposición y recordamos, con la ayuda de la prodigiosa memoria de María Verónica, intacta y plena de gratitud, a los organizadores de aquella fiesta gráfica de 1989: Gladys Molina y José Yesid Sabogal –Nono–, representantes del colectivo cultural Proarte Calarcá; Grosso y Bernardo Rincón en representación del Taller de Humor; y al diligente Maestro Calarcá, con quien habíamos representado los intereses de El Cartel del Humor en el grupo tripartita que hizo realidad aquel encuentro.

María Verónica recordó también a los jurados del evento, un cartel de lujo que realzaba la trascendencia de aquella iniciativa de la provincia, considerada en ese entonces, por el diario El Espectador, como uno de los eventos culturales destacables de la década de los ochentas en el panorama cultural colombiano. Los ojos brillaron de alegría al recuperar cada uno de sus nombres: el poeta Juan Manuel Roca, el caricatógrafo brasilero Roberto de Salles, el pintor latinoamericano Ómar Rayo, el caricatógrafo colombiano Ponto, el cineasta y crítico colombiano Lisandro Duque. "Qué maravilla, si los encuentran a todos ellos, mándeles mucho cariño".

"Yo me acuerdo que fuimos al cafetal en Quindío y para mí el encuentro en Calarcá fue mágico, mágico, mi experiencia allí fue muy completa, primero porque yo iba muy enamorada y era como una suerte de luna de miel el viaje, después, encontrarme con toda esa gente con esa pasión, con todo ese entusiasmo, y además nos divertimos mucho, nos reímos mucho. Colombia me pareció maravillosa y esto sucedió en otro lugar mágico que era el Quindío. Y con Carlos (Caloi) nos ocupábamos de hacer una transmisión cultural que era llevarles el vino, y la magia del vino, así que, bueno, tengo un recuerdo hermosísimo" subraya María Verónica desde su rostro limpio, espontáneo y lleno de vitalidad.

Al preguntarle en Alcalá de Henares sobre sus proyectos, Verónica deja entrever a una mujer sinérgica, positiva, llena de optimismo, que, aunque comparte hombro a hombro con Caloi sus jornadas creativas, no se niega sus propios caminos de realización.

"Hace 20 años, más o menos, que tenemos con Carlos un programa en la televisión argentina dedicado a las artes plásticas en general y en particular al cine de animación de autor de todo el mundo. Además de esto, o a raíz un poco del programa, yo me especialicé mucho en la animación de autor y desarrollo una sección en el festival más importante de Argentina, dedicada a la animación, y tengo una productora que produce eventos culturales de distinto tipo, ciclos de cine, en salas y al aire libre y además en estos momentos estoy haciendo una película o largo metraje de animación, con cuatro estudios de animación independientes. Son cuatro historias independientes sobre Buenos Aires y el tango: una está inspirada en dibujos de Caloi y la estamos dirigiendo juntos; hay otra hecha por Carlos Nine, que es un extraordinario dibujante argentino, de nivel internacional; otra por los hermanos Faivre y otra que se está haciendo en Rosario, en una localidad argentina también. Este, yo además estoy a cargo de la dirección general y de la producción general. Y bueno, muchas otras cosas. Ahora estoy organizando la presencia de la animación argentina en la feria de Frankfurt y en el Festival de Annecy que es el festival más importante de animación que hay en el mundo. Así que, bueno, difundiendo la animación argentina afuera y la animación internacional en nuestro país".

Pero ella deja atrás el tema de sus proyectos personales y regresa a los tiempos del encuentro en el eje cafetero con una anécdota que acentúa la alegría de sus enormes ojos cómplices: "Y este es un recuerdo especial para Bernardo Rincón a quien, insisto, recuerdo con muchísimo cariño –y todavía me debe fotos del encuentro de Calarcá–. Recuerdo que nosotros tomábamos vino tinto con Carlos y le convidamos a Bernardo y Bernardo decía: Pero esto no hace nada ¿Cuál es la famosa magia del vino? Y cuando salimos del restaurant, Bernardo agarró una botella y quería convencernos que frotándola en las esquinas de las paredes, la botella se iba a quedar pegada, cosa que nunca logró. Y nosotros sabíamos que era la magia del vino". Y entonces, sabedora de que aquel registro audiovisual llegaría de alguna manera hasta Colombia, remató la frase con cariñoso tono argentino: "Un beso, Bernardo". Bernardo Rincón, es necesario señalarlo, es una figura histórica de la caricatografía colombiana, las iniciativas de su gestión cultural fortalecieron en nuestro país, en los ochentas y los noventas, los géneros del denominado humor gráfico y la historieta.

En la profusión de actividades que convierten a Alcalá de Henares en la capital mundial de humor gráfico, todavía tuve la oportunidad de volver a verla una vez más. Estaba al lado de Caloi en el paraninfo de la Universidad, cuando le hacían entrega del sexto Premio Quevedos al brasileiro Ziraldo Alves Pinto. En ese escenario solemne, en donde también se entregan los premios Cervantes de literatura, Turcios le mostraba unas fotos de los encuentros pasados. Las fotos nos demostraron que la memoria es frágil y, aunque el espíritu vibre con juventud, nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Después, su presencia se diluyó entre la infinidad de actividades: exposiciones, talleres con jóvenes y adultos, visitas a la cárcel, presentaciones de libros sobre el humor, lo cómico y la caricatura, desfiles con cabezones y batucada, brindis y celebraciones y un sinnúmero de propuestas dionisiacas que consagran la risa como constructora de cultura.

Son esas presencias efectivas –como las de María Verónica, los centenares de participantes de todo el mundo y las de los propios alcalaínos–, las que hicieron que ausencias como la de la ministra española de Cultura no lo fueran tanto, o tal vez lo fueran tontas. Por eso, no hay motivo para desgarrarse las vestiduras. Un burócrata no hace el otoño. Las hojas pueden seguir cayendo con toda la belleza de su colorido. Que perdure en la memoria esa fiesta que los caricatógrafos colombianos empezamos con María Verónica y con Caloi hace 20 años en el eje cafetero y continúe la magia del vino argentino mezclada con la magia del café más suave del mundo.

Coletilla. El poeta Elías Mejía ratificó la fugaz persistencia de la memoria al recordarnos que Ómar Ortiz, poeta vallecaucano, también participó como jurado de aquella fiesta gráfica. En otro mensaje electrónico, el caricatógrafo Orlando Cuéllar confirmó nuestras palabras sobre la importancia del evento rememorando su asombro frente la galaxia de estrellas que desfilaban ante sus ojos de reportero joven. Él era entonces un aprendiz de la poesía gráfica y en los pasillos de la Casa de la Cultura vivía los delirios de aquella utopía constructora como enviado de El Espectador a cubrir el Primer Festival Mundial de Humor Gráfico, Calarcá 1989. Y mientras trato de encontrar su rostro en un álbum de ensoñaciones, las notas del tango me devuelven el piafar de un caballo y la imagen de una muchacha de circo que baila sobre el lomo de un corcel dibujado por Azeta.


TITULO: Primer Festival Mundial del Humor Gráfico Calarcá 1989
AUTOR (ES): Fundación Proarte Calarcá
FICHA TÉCNICA:
Copyright © Fundación Proarte Calarcá
Género: Caricatura, Cómic, Humor, Política
ISBN: Sin información
Edita: Fundación Proarte Calarcá
Edición: Calarcá - 1990
Páginas: 120
Dimensiones: 24.7 x 17.0 CMS
Tipo de Edición: Tapa dura

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